LAURA SE CONFIESA 5

 

Y bueno…¿qué hacer con mi vida llena de infidelidades?, muchos de ustedes pensarán esta mujer es una desvergonzada y mala persona, pero no es así, a veces las circunstancias de la vida te llevan a ser una reverenda puta, casada e infiel.

Muchas veces me he propuesto cambiar, ser como manda la sociedad, pero…, no, no puedo, disfruto calentando hombres, comiéndome kilómetros de penes, le da la sal que mi vida necesita.

Para que entiendan un poco mi proceder les cuento algo de mi noviazgo, y la primera conversación que tuve con mi flamante marido, ya pasaron diez años, y las cosas no cambiaron, ni cambiaran.

Estuvimos seis meses de novios, yo por supuesto no era virgen, tenía 25 años recién cumplidos, cuando lo conocí, dije -con este me caso-, a medida que nos fuimos conociendo y tratando de entender su mentalidad con respecto al sexo, tuve que fingir que era virgen, fue una de mis mejores actuaciones, digna de un Oscar de Hollywood, si Quentin Tarantino hubiera sido testigo de los hechos, me hubiera contratado para ser la chica perversa de sus películas.

Nos acostamos tres meses antes de casarnos, ya había probado, saboreado y chupado varias vergas, pero con él me mostré tímida, inexperta y hasta se me escapó alguna lágrima cuando después de varios intentos pudo penetrarme. Él se sintió el hombre más feliz del planeta cuando esta humilde servidora le entregó en bandejas su virginidad fingida. Había logrado mi cometido, que creyera que él era mi primer y único hombre.

La noche de bodas fui a la carga, nos desnudamos y abrazamos muy enamorados, yo estaba muy caliente, en el último mes no había cometido ningún acto de infidelidad, tenía ganas de estallar en varios orgasmos y me reservé para esa noche.

Tumbados desnudos en la cama nos abrazábamos y acariciábamos, fui besando su cuerpo, hasta llegar al preciado pene erecto de mi esposo, se me hacía agua la boca pensando en la mamada que le iba a hacer, acerqué mi cabeza a su pene, abrí mis labios y con mis manos lo acercaba a mi boca sedienta de semen, me tomó suavemente de la cabeza y la retiró.

-Laura, ¿qué es lo que quieres hacer?.

-Besártela mucho, tragarme todo lo tuyo.

-Laura, ¿qué te pasa?.

-Eres mi esposo y quiero besártela como nadie lo ha hecho.

-¡¡¡Laura!!!, ¿has bebido más de la cuenta?.

-Noooo!!!!, solo quiero tenerla en mi boca y besarla mucho, como una buena esposa.

-Laura, las buenas esposas no hacen esas cosas, esas cosas las hacen las putas, nunca las buenas esposas.

-Quiero ser tu puta.

-¡¡¡Laura!!!!, ¿qué dices, mujer?, indudablemente has bebido demasiado, estás borrachita.

Yo estaba borrachita de lujuria, me moría de ganas de coger.

Lo miré incrédula.

-Laura, déjame explicarte algo. Lo diré hoy como única vez y no lo repetiré más.

-Si, dime.

-Jamás permitiré que la boca de la madre de mis futuros hijos haga esas cosas de puta.

-Pero…, yo quiero hacerlo contigo, eres mi esposo.

-Laura en la vida hay dos clases de mujeres, las mujeres malas, que hacen esas aberraciones y las mujeres como tú, mi madre, tu madre, mi hermana, ellas jamás harían esas cosas, porque son mujeres decentes y tú no serás la excepción, cariño.

-Esto quiere decir que jamás…

-Tranquila Laurita, nunca te pediría una cosa semejante.

Me tomó en sus brazos, me besó dulcemente y me cogió, disfrutó él solo, a mi se me fueron las ganas de todo con semejante hombre, y con semejante futuro que me esperaba al lado de este marido tan moderado, me puso de espaldas y me gozó, mientras en silencio y con lágrimas de impotencia, esperé que terminara, ahí mismo me dí cuenta de que iba a ser cornudo de por vida, no era lo que yo quería para mi vida sexual, con este cuerpo, con esta cara y con la vagina caliente que tenía, si él no quería disfrutarme, pues que me disfruten otros, y que otros me den lo que él no me dá.

He sacado mis buenos dividendos de mis infidelidades, en un banco tengo una cuenta a mi nombre dónde he ahorrado bastante dinero y joyas que he recibido en pago de mis buenas condiciones de hembra salvaje, nunca se sabe que puede pasar, si alguna vez me descubre mi marido, tengo suficiente dinero para poder escaparme lejos y empezar una nueva vida. Mientras tanto, tengo montones de amantes, y realmente la paso bomba, cada día que pasa me pongo más cachonda, provocadora, y putita, con los años me he puesto más sensual y hasta ahora no hay hombre que se resista a mi torneado cuerpo.

Al día siguiente de esa noche negra de bodas, estaba caliente y con ganas de excitar a un hombre, quería sentirme deseada y levantar vergas a como dé lugar.

El hotel dónde nos hospedábamos organizaba excursiones a una isla, rodeada por el mar y montañas, el viaje en barco duraba una hora, íbamos a pasar el día en esta isla, recorriéndola, comenzaba por la mañana hasta las diez de la noche, decidimos irnos de excursión, el viaje era todo un éxito para el hotel, pues habían vendido todos los pasajes a varios de los que nos hospedábamos en el hotel, había gente de otros hoteles, personas que estaban de vacaciones, la tripulación era muy abigarrada, con hombres y mujeres de diferentes edades, había un coordinador que nos iba indicando que podíamos hacer.

Como hacía mucho calor llevaba un short de jeans muy cortito, debajo una minúscula bikini roja, y en la parte de arriba solamente el soutien de la bikini, en mis hombros colgué un sweater blanco de hilo para la vuelta porque por lo general al bajar el sol refrescaba.

El barco empezó su excursión puntualmente, los pasajeros nos fuimos acomodando en los distintos sectores, mi marido y yo nos sentamos en la barra del pequeño bar, todos estábamos de muy buen humor y abiertos a compartir un día largo de excursión.

Yo no pasaba desapercibida, todos me miraban con deseos, creo que se notaba en mi semblante las ganas de tener una verga entre mis piernas, a mi lado se sentó un señor de unos 65 años, que estaba con su esposa, la señora se puso a conversar con mi marido muy animadamente, el caballero en cuestión, me preguntó de dónde era, si ya había hecho alguna vez esa excursión, yo le contestaba coqueta, bajando la mirada, pero con una sonrisa muy sensual, mi pierna se acercó a su rodilla y lo rozaba suavemente, fue como al descuido, al señor le gustó ese roce, me miró a los ojos, le mantuve la mirada, con mi lengua humedecí mis labios, acerqué más mi pierna a la de él, bajé mi vista hasta su cremallera, y me relamí los labios, mi conchita se iba humedeciendo y la fiera salvaje que estaba agazapada en mí, comenzó a despertarse, estaba muy deseosa, quería que me cogieran bien cogida.

El señor se puso de pié, y nos invitó a que nos sentáramos los cuatro en una mesa a tomar algo, para estar más cómodos, aceptamos, el señor me tomó del codo, aprovechó para acariciarme todo el brazo, corrió mi silla y esperó a que me sentara, luego lo hizo él a mi lado, su esposa y mi esposo se sentaron frente a nosotros, los cuatro pedimos jugos de frutas, mientras bebía mi jugo, José, así se llamaba el señor, me pasaba la yema de sus dedos por mis muslos, yo recibía la caricia con placer, sentía un goce inmenso con el mimo que me estaba proporcionando, nuestras miradas lo decían todo.

-¿Qué les parece a ustedes si pasamos el día juntos en la isla?, observó la esposa de José.

-Por mi encantada, ¿qué te parece cariño?.

-Me parece muy buena idea, podríamos hasta almorzar juntos.

-Si, hay un restaurante muy bueno en la misma playa, se comen unos mariscos muy sabrosos, y sirven un vino blanco espectacular.

-Muy bien, allí iremos dijo mi esposo.

Llegamos a la isla y los cuatro nos fuimos directamente a la playa, marchamos a un lugar apartado donde no había gente, me quité el short y me quedé con mi minúscula bikini, me acosté de espaldas, el triángulo pequeño de mi bikini, dejaba entrever mi poderoso trasero, duro y redondo, parecía una manzana deliciosa, mi marido comenzó a pasarme crema y el contacto de su mano en mi piel me excitó, me puse boca arriba para que pasara la crema por mi abdomen, y mis piernas, José estaba parado delante de mí y con su cuerpo tapaba el sol, clavé mis tobillos en la arena y comencé un movimiento sensual con mis caderas, subía y bajaba mi pelvis como si estuviera cogiendo, este movimiento se lo ofrecía a José, que desesperado no sabía que hacer.

La señora de José se fue a caminar por la orilla del mar y mi marido fue a refrescarse, José y yo quedamos solos, José se sentó a mi lado, al ver que mi marido se alejaba hacia el agua, su mano comenzó a acariciarme nuevamente, iba subiendo y bajando por mi espalda, mientras su lengua bordeaba mis hombros, yo suspiraba de placer, lo dejaba hacer, no me resistía, estaba en un estado de emergencia sexual, cualquiera me venía bien, hasta este señor que tenía más edad que mi propio padre, su dedo índice corrió hacia un costado mi minúscula tanguita, lo introdujo en mi conchita, y comenzó a hurgar, entraba y salía de mi vagina. Yo lo disfrutaba plenamente.

Me susurró por lo bajo, su voz era entrecortada por la calentura que yo le había provocado con mi descaro.

-Me has provocado desde que me viste, ¿te gusta esto que te hago?. ¿Te gusta alzar penes?.

-Me encanta, sigue por favor. ¡¡Ahhh, uhhh!!, mmmmm, ¡qué lindo lo que me haces José!!!.

-Si estuviéramos solos, ni te imaginas las cosas que te haría, me encantan las putitas como tú.

Y su dedo fue a mi clítoris, lo bordeaba, subía y bajaba, lo apretaba.

-¡¡¡¡Ahhhh, ahhhh!!!,¡¡¡¡uuuhhhh!!!, ¡¡qué rico!!!, sigue así y me corro con tu dedo. Aunque me gustaría tanto sentirte dentro mío!!!.

Y siguió, tuve un orgasmo maravilloso, y otro. Los pocos que merodeaban ese lugar, ni se percataron de nosotros, pues los dos estábamos sentados frente a frente, con su cuerpo tapaba todo movimiento que hiciera.

-Si estuviéramos solos José, yo te haría muchas cositas, ni te imaginas lo putita que soy, las cosas que te puede hacer esta boquita. ¡Lástima que están nuestros esposos!.

-mmmmmmmm, ya buscaré el momento para probar eso que dices, puedo llegar a tirarlos al mar, por solo probarte, jajaja.

-Jajajaja.

-A qué se debe tanta risa?.

Era la mujer de José.

Ella estaba detrás mío, apareció sorpresivamente, José aún tenía sus dedos dentro de mi vagina, pero mi cuerpo tapaba sus manos, los retiró suavemente, para nuestra suerte llegó minutos después de mis orgasmos.

-Me voy al mar con mi marido, y me fui bamboleando mis caderas.

Fuimos a almorzar mariscos con un exquisito vino blanco, José y yo seguíamos acariciándonos a espaldas de nuestro cónyuges, estábamos esperando el momento apropiado para gozarnos sin descanso.

Después del almuerzo mi marido alquiló una carpa, no era buen bebedor, entre el vino, la comida y el calor necesitaba urgente una siestita, la mujer de José era una jugadora compulsiva y se fue al casino a probar suerte con las maquinitas tragamonedas, entonces José nos invitó a caminar por la orilla del mar para bajar la comida, fuimos los dos solos, con el consentimiento de mi marido, pues él estaba con un gran sopor, así que prefirió quedarse a dormitar, nos fuimos caminando lentamente, como un padre con su hija, el mar mojaba mis pies, pero mi cuevita estaba mucho más mojada, poco a poco nos fuimos alejando, me tomó de la mano, bordeamos unas piedras, en esa parte estábamos solos, casi no había gente pues estaban la mayoría almorzando o escapando del fuerte sol.

Por un costado, a unos cincuenta metros de la orilla había una posada, me dijo que lo esperara un segundo, entró a la posada, al poco rato salió con unas llaves, había un camino sinuoso bordeado de iglúes, cada uno tenía un número en la puerta, a nosotros nos tocó vaya casualidad el 69.

El iglú que nos correspondía era muy confortable, con un acondicionador de aire que permitía que la temperatura ambiente fuera muy agradable, me tomó en sus brazos, comenzó a besarme paulatinamente, yo respondía a sus besos, nuestras lenguas se juntaron y se enroscaron en una, con mis uñas acariciaba su espalda, el iglú estaba a oscuras, prendió la luz.

-Déjame contemplarte, eres una muñeca, tan joven, tan bella, no puedo creer en mi suerte.

Me volvió a abrazar mientras sus dedos iban desatando el nudo de la parte superior de mi bikini, mis senos saltaron erguidos, los pezones estaban duros, abrió su boca y se llevó medio seno dentro, mientras su lengua jugaba con mis pezones, sus manos bajaban mi tanguita, una vez liberada de la bikini, quedé completamente desnuda ante sus ojos.

-Eres una diosa, te voy a comer la conchita sin parar.

Me senté en el borde de la cama, mi lengua lujuriosa lo lamía por todas partes, quitó sus bermudas, saltó un pene grueso, bastante generoso por la edad de José, lo tomé con mis manos, comencé a masturbarlo, por fin tenía un pene erecto y duro ante mis ojos, un pene para poder disfrutar como a mi me gustaba, bien a lo puta.

Le pasé la lengua por toda la superficie, con mi lengua llegué hasta sus testículos, los chupé primero uno, luego otro, José suspiraba, gemía, llevé esa maravillosa verga nuevamente a mi boca, la entraba y la sacaba, José me tumbó en la cama, abrí mis piernas, con mis dedos separé mis labios vaginales, le ofrecí mi clítoris para que lo chupara hasta hacerme vibrar de placer, sacó su larga lengua y con la punta empezó a moverla hacia los costados, iba bordeando y penetrando cada centímetro de mi conchita, sólo con la puntita, mis jugos vaginales empapaban su boca, luego con su lengua entera, fue lentamente hasta mi ano, ahí se paró y me lo besó, por un buen rato, y volvía por el mismo lugar a apoderarse de mi clítoris, yo gemía, suspiraba, pedía…, y ahí comenzó una danza fantástica que me hizo correr, mis gemidos se confundían con mis palabras pidiendo que siguiera, que no parara…

-¡¡¡Así, así,!!!, ¡¡¡uhhhh, qué rico, ahhh, ahhhh,!!!!, ¡¡¡me mueroooo, siiiii, siiiiii, aaahhhh!!!!, ¡¡¡así, asiiii hijo de puta que me mueroooo, y me fui en un orgasmo largo y placentero.

José tomó su pene y me lo pasó por toda la cara, hasta que lo acercó a mi boca.

-A ver muñeca, muéstrame lo putita que eres, ¿te gustan las vergas, verdad?.

-Lo que más me gusta es una buena polla dura y dispuesta como la tuya. Me la voy a tragar toda.

-Chúpala mucho, ¿si?.

La volví a besar con toda mi boca abierta, mientras con mi lengua hacía juegos eróticos, la saboreaba, la metía hasta mi garganta y despacito la iba sacando, y la volvía a tragar enterita, con mis manos le acariciaba sus testículos inflamados, José disfrutaba como un rey, con mi lengua bordeaba suavemente su cabecita brillosa y la lamía, comenzó un juego de entrada y salida de mi boca, él movía sus caderas, me estaba cogiendo por la boca, mientras sus manos se encargaban de mis senos, apresaba mis pezones, los masajeaba con la palma de sus manos. Era una sensación de felicidad indescriptible la que sentía eran las manos de un hombre que me aprisionaban los senos para gozarlos como si fuera el último día del mundo.

Ahora bien, yo necesitaba que me penetrara, quería ese instrumento durito dentro mío, se lo pedí, entre lengüetazos, y suspiros, quedamente fue sacando su verga de mi boca, me puso de espaldas, tomó su miembro y ayudándose con sus manos me penetró pausadamente, iba sintiendo como entraba milímetro a milímetro, hasta que llegó al fondo, luego me tomó de la cintura y se pegó a mi cuerpo, sus vellos me acariciaban la espalda, comenzó un cimbrado acompasado, entraba y salía, volvía a entrar, mi vagina se inflaba de placer desmesurado, recibiendo los embistes con gloriosa lujuria, fue aumentando de forma soez sus arremetidas dentro de mi vulva caliente, me rozaba el clítoris con sus dedos, sentía la llegada de mi nuevo orgasmo inminente

Y llegó el orgasmo ardoroso, y otro, salí de adentro de él, y le pedí su pene, quería que eyaculara en mi boca, quería tragármelo todo. Quería saborear con morboso placer lo que mi marido me negaba y a mi me daba felicidad.

Su pene entró en mi boca, me dí el gusto de saborearlo como a un elixir prohibido, a medida que el semen iba cayendo dentro de mi boca, lo iba paladeando muy lentamente, mientras que mi cerebro me daba una orden.

Esa eyaculación que recibía con tantas ansias, era un pequeño homenaje que le hacía a mi marido. Era en su honor.

Esa no fue la única vez que le fui infiel con José, nos seguimos encontrando mientras duró mi luna de miel, hasta hicimos un trío con un amigo de José que encontró de casualidad, esa tarde, me penetraron los dos a la vez, todos mis agujeros estuvieron de fiesta, y yo en plena luna de miel, pero eso lo dejo para otro relato.

CONTINUARÁ.

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