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Acabamos sobre el suelo, sudorosos y felices.

Aquello era más de lo que había esperado. ¡Me estaba invitando a pasar una tarde en la playa con ella! Por supuesto, dije que sí, intentando disimular mi excitación. De pronto recordé.

Lo único… Bueno, me quedaré con los bermudas. Es que como venía aquí, vengo sin bañador. Pero no pasa nada. Vamos.

No te preocupes. Allí tampoco te hacen falta. Vamos.

Recogimos nuestras bolsas, pagué y empezamos a caminar hacia el coche. Ella caminaba delante. Mientras caminaba se quitó el sujetador del bikini sin quitarse la camiseta. Sus pechos siguieron apuntando firmes hacia el frente, sin notar la perdida de sustentación.

Esta playa a la que vamos también es nudista. Lo único es que como no se puede llegar en coche no es tan conocida, y suele estar casi vacía. Estaremos más cómodos.

Abrí las ventanas del coche para ayudar un poco al aire acondicionado y empecé a maniobrar. Una vez en marcha ella me guiaba. Cuando el climatizador empezó a enfriar cerré las ventanas y unos minutos después llegamos a un bar de carretera, a unos 10 kilómetros de donde habíamos salido, donde me dijo que aparcara. Lo hice. Y echamos a andar. Tras el bar, en un bosquecillo de pinos salía una pequeña senda que se iba estrechando. Ella se puso delante cuando la senda impidió que camináramos al lado. Charlaba animadamente. Yo hablaba menos. Iba concentrado escudriñando en su pareo, tratando de imaginar lo que había debajo. Como si lo hubiera sabido, se lo desanudó y se lo quitó, dejándome apreciar sus nalgas apretadas y bamboleantes. Las chicharras cantaban fuerte, muy fuerte. Hacia mucho calor, y ambos sudábamos.

El camino volvía a ensancharse. Los pinos estaban más alejados unos de otros y el terreno empezaba a ser más arenoso. Luego los pinos desaparecieron y el camino empezó a ser una sucesión de collados entre las dunas. Al descrestar de una de ellas apareció la playa. Me detuve un momento a contemplarla. Había unos 4 kilómetros (2 a cada lado) de playa apenas ocupados por bañistas. Al final de esta franja, junto a dos grupos de casas la ocupación volvía a ser masiva. Pero en unos dos kilómetros de playa, los únicos ocupantes eran una pareja y un grupo de tres chicas que por su posición deberían haber llegado por donde nosotros.

- Toda la playa es nudista. Pero aquí no viene casi nadie al estar tan apartado.- me dijo Charo.

Eligió un sitio entre la pareja y el grupo de chicas, a unos 50 metros de cada uno, y dejó la bolsa.

- Vuelvo enseguida.- y se acercó al grupo de chicas con las que quedó un rato charlando. Se ve que se conocían.

Puse mi toalla al apuntando al sol y me senté. No me atreví a hurgarle en la bolsa para buscar su toalla.

Solamente me quité la camiseta, pues aunque la playa fuera nudista, recordaba que ella no se había quitado el bikini y me pareció más oportuno.

Después de unos minutos ella volvió. Por el camino se quitó la camiseta y por primera vez ese día vi sus pechos totalmente desnudos. Volví a aprovecharme de las gafas de sol para permitirme observarla detenidamente. Ella caminaba muy despacio, como invitándome a mirarla. Vestida solo con el insuficiente tanga, que volvía a llevar casi metido en su raja, me parecía un sueño.

Hasta que cuando se aproximó me hizo un gesto no me había dado cuenta de que traía una bolsa.

- Cerveza.- me dijo tendiéndome una de las dos que traía.- Como aquí no hay chiringuito…

La abrí y comencé a beber.

Tendió su toalla junto a la mía y me dijo- ¿No te quitas el pantalón?- soltó dos clips de su tanga y de un rápido tirón se lo quitó quedando desnuda totalmente ante mis ojos.- Ya te dije que si no hubiera sido por aquellos 4 me lo habría quitado en la otra playa.- Quedó unos instantes de pie, como esperando mi respuesta. Por toda respuesta me quité los bermudas. Ella se tumbó despacio junto a mí, y ambos tumbados quedamos un rato callados.

Creo que llegué a dormirme. Cuando después de unos minutos abrí los ojos ella estaba sentada. No eran figuraciones mías, no. ¡Me estaba mirando el rabo! Eso fue suficiente para notar en él de nuevo el pulso de mi sangre. Ella no apartaba la vista de allí, y yo no quería incomodarla haciendo ver que me había dado cuenta así que la dejé y solamente la miré. Un par de veces me miró a la cara. Ambos con las gafas de sol, calculé que no podía saber si tenía los ojos abiertos o cerrados. Acerté, puesto que después de cada mirada ella volvía a concentrarse en mi sexo. Mi erección era ya muy evidente, pero esta vez no me importó. Ella pensaba que yo estaba dormido. Me alegré de enseñarle aquel poderío (no es que tenga un rabo espectacular, pero una erección es una erección). Di un paso más. Como inadvertidamente me toqué el nabo, como si me molestara algo allí, y dejé la mano puesta. Ella no se movió. Siguió sin apartar la mirada de donde la tenía.

Divertido decidí acabar con aquello y comencé a incorporarme, como si me acabara de despertar. Me hice el sorprendido al ver mi erección.- Y los sueños, sueños son.- dije a modo de disculpa. Ella sonrió.

Creo que debería darme un baño.- dije - pero con esto así…

Yo te cubro.- dijo ella levantándose y tendiéndome la mano.

Me levanté y echamos a andar hacia el agua cogidos de la mano. Ella caminaba delante, muy cerca de mí para taparme el rabo. No pareció molestarle que de esta forma mi poya tropezase repetidamente con su mano y con sus nalgas.

Ya en la orilla solté su mano y me lancé rápido al agua. Ella entró más despacio, sin parar de sonreír. No nadamos. Nos quedamos allí charlando. Volví a emplear el truco de descubrir el capullo al frío del agua, aunque cada vez me importaba menos que ella me viera trempado. Después de un rato Charo preguntó:

- ¿Como va eso?- y adelantó su mano hasta cogerme la poya. Aunque me sorprendió, no di un paso atrás. El agua había echo algún efecto, pero la desnudez de Charo y notar su mano en mi sexo hicieron que siguiera aún bastante tieso.- Uffff. Daría un brazo por saber que estabas soñando.- y me sonrió volviendo a guiñar un ojo.

Va a ser mejor que me dejes un rato solo, Charo.

Vale. Además me ha dado un poco de frío.- se señaló los crecidos pezones a la vez que lo decía. Salió del agua.

Cuando noté que aquello había bajado lo suficiente empecé a salir también del agua. Ella se había sentado en la toalla mirando hacia la orilla. Abrazaba sus rodillas con sus brazos. Volvía a tener las gafas puestas y aunque no vi sus ojos supe que no me quitaba la vista de encima. No me miré el rabo. Lo notaba colgar, pero aún de buen tamaño después de lo pasado. Notaba la brisa en el capullo aún descubierto. Estuve satisfecho de que ella lo estuviera viendo.

Con la postura que ella tenía su sexo quedaba también expuesto a mi vista mientras volvía. Sus labios menores asomaban entre los carnosos labios mayores. Al llegar me tumbé boca abajo. Ella hizo lo mismo. Yo la miraba a ella mientras hablábamos. Ella miraba al frente. En un momento dado ella me hizo un gesto con la barbilla. Miré adonde señalaba. La pareja estaba en esa dirección. Ambos estaban tumbados boca arriba, y estaban tocándose el uno al otro en sus partes más sensibles. Se giraron, quedando uno frente a otro, y ella comenzó una lenta paja a su novio mientras este le acariciaba el coño.

 

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