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La afición me vino tardía. Como todos los veranos llegó el mes de los Rodríguez (Agosto), y me decidí a probarlo. Me gustó y desde entonces, son siete años ya los que soy nudista practicante. Siempre de la misma manera, sólo y con un libro. Me tumbo en la playa a leer y tomar el sol y a sentir el aire y el mar en toda la piel.
Tengo 40 años, estoy casado y no tengo hijos. Mi mujer es un poco clásica, y no he conseguido jamás que probara la experiencia. No me rindo, pero tampoco me va a ir la vida en ello. Si a ella no le gusta a mí sí, y pienso seguir haciéndolo. Ella ya lo sabe.
Lo que os cuento sucedió este verano. Acababa de mudarme por motivos de trabajo. Así que la estancia de "Rodríguez" fue más larga de lo habitual, mientras encontré casa y la preparé para la mudanza. Casi dos meses en total me tiré en esta situación.
No penséis mal. No soy un "Rodríguez" típico. No paso el mes persiguiendo turistas y jovenzuelas. Como y ceno en casa, y apenas salgo. Pero si me agrada ir a la playa por las tardes y ponerme bien moreno. Los fines de semana voy temprano y paso todo el día allí. A la vuelta tomo una copa en algún local de moda y me voy a dormir sin más. No me vuelvo loco, no me desmeleno. Hago la misma vida que cuando mi mujer está conmigo,..., solamente voy a diferentes playas que con ella.
Era mediado de julio. Y era la primera vez que iba a la playa en la localidad donde vivo ahora. Metí en una mochila el tabaco, un libro, una toalla,… lo justo para una buena jornada de playa, y me fui a buscar una buena playa nudista (ya me había informado antes en Internet).
Llegué a las diez de la mañana, y apenas había nadie, así que no tuve problemas para elegir sitio. No sé si es normal, pero siempre que voy a una de estas playas por primera vez me siento un poco como si fuera la primera vez que hago nudismo. Miro a un lado y a otro, me alejo de donde hay gente, me desnudo por fases,… había tan poca gente que no sentí nada de eso. Eché la toalla y tras desnudarme rápidamente, me tumbé a leer. No hacía aún calor, así que se estaba tan bien que me abstraje de todo lo que me rodeaba y me concentré en la lectura. La playa se fue llenando, mucho, pero yo ni me di cuenta.
Unos silbidos y un murmullo de voces y risas me sacaron de mi lectura y comprobé que la playa estaba ahora repleta de gente. Parejas, familias enteras, grupos,… Había textiles pero formando parte de grupos nudistas más grandes. Excepto aquellos.
Aquellos eran los que habían silbado y me habían devuelto a la realidad. Un grupo de 4 chavales, de unos 20 años. Todos en bañador. Silbaban al paso de una señora que llegaba. ¿Una señora? ¡Una Diosa! La verdad es que casi comprendí los silbidos de admiración. Imponente.
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